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¿Qué es un Aula de Aprendizaje Activo?

Las Aulas de Aprendizaje Activo (ALC, por sus siglas en inglés), son espacios diseñados para aplicar estrategias de aprendizaje activo complementadas con recursos digitales dispuestos para facilitar y potenciar la cooperación entre los estudiantes y el propio profesor.

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Durante las últimas décadas el aprendizaje activo se ha consolidado en la formación integral de jóvenes y adultos al involucrar a estudiantes y profesores en instancias cautivantes que combinan aspectos teóricos y prácticos bajo la orientación del docente, claves para un aprendizaje significativo. Sin embargo, la arquitectura de las salas convencionales con sus filas de asientos dispuestos en dirección al profesor no incentiva la interacción ni la participación de los estudiantes.

Es en este contexto que investigadores de diversas instituciones educativas han considerado las Aulas de Aprendizaje Activo (ALC, por sus siglas en inglés), espacios diseñados para aplicar estrategias de aprendizaje activo complementadas con recursos digitales dispuestos para facilitar y potenciar la cooperación entre los estudiantes y el propio profesor.

Presentando mínimas variaciones, las Aulas de Aprendizaje Activo consideran mesas circulares que permiten distribuir los cursos en grupos de nueve estudiantes que interactúan entre sí, notebooks para la investigación o la revisión de contenidos y actividades, y pizarrones, proyectores y micrófonos para compartir procesos y resultados con el grupo o el35590976166_7f621fa5c1_n resto del curso. Los docentes por su parte cuentan con un mesón principal y un sistema de control que permite proyectar al curso el trabajo de los distintos mesones, pero con la flexibilidad necesaria para recorrer la sala e interactuar directamente con cada estación de trabajo.

La enseñanza en este tipo de aulas implica una dinámica distinta a la usualmente desarrollada en las universidades. Su diseño y la incorporación de Tecnologías de Aprendizaje y Conocimiento implican desafíos para los docentes ante la ausencia de un punto focal, la presencia de ruidos y distracciones, y la necesidad de manejar competentemente los recursos tecnológicos que este tipo de sala ofrece sin volverse dependiente de estos.

Para enfrentar estos desafíos es necesario que los profesores formulen estrategias que combinen el uso de recursos digitales para la gestión de información, el aprendizaje colaborativo o simuladores con momentos expositivos tradicionales que orienten los procesos educativos y metacognitivos. Para otorgar un valor significativo a estas herramientas, estrategias como el Aprendizaje Basado en Problemas, el Aprendizaje Colaborativo, la Secuencia Ciega, el Rompecabezas o el Aula Invertida, entre otras, han demostrado su efectividad en este tipo de espacios.

Estos esfuerzos didácticos son retribuidos en la disminución de los índices de deserción entre los estudiantes, al presentar casos y problemas que concretizan conceptos difíciles de aprehender desde la abstracción, a la vez que promueve la autorregulación de los mismos estudiantes al trabajar colaborativamente; y si bien no implican una mejora significativa en evaluaciones estandarizadas, en los ámbitos actitudinales y procedimentales se evidencia una mejora sustancial en relación a estudiantes que inscriben cursos tradicionales.

Entre algunas de las experiencias más valoradas sobre el uso salas de aprendizaje activo corresponde a las desarrolladas por el Massachusetts Institute of Technology, la Universidad de Minnesota, la Universidad de Hong Kong, y la Universidad EAFIT de Colombia.

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